Catedral

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Destaca majestuosa entre la exuberante vegetación, y desde varios kilómetros antes de llegar al pueblo, por cualquiera de los accesos a Otatitlán se ve la torre del reloj y la grandiosidad de su cúpula recubierta de azulejo Talavera de color amarillo y negro que parece interrogar el horizonte. Su construcción romántica, en donde predominan los macizos sobre los vanos, es sin lugar a duda la más importante de este genero de la Cuenca del Papaloapan.

Su trazo clásico de Cruz Latina y su orientación oriente-poniente apuntando a la salida y puesta del sol, fue ordenado por Cédula Real del Rey Felipe II, quien dispuso enviar cinco barcos cargados de mármol, pintura y herramienta de construcción, con 14 albañiles, al mando del Profesor e Ingeniero Don Manuel de Lambur. Cuentan que el cura de la Parroquia en aquella época de apellido Damián mandó a España las limosnas que los creyentes habían traído al Señor de Otatitlán y regocijado el Rey Felipe II por la importancia de éstas, ordenó de inmediato que se iniciara la construcción.

Se colocó la primera piedra el 27 de agosto de 1597, y el citado Ingeniero Lambur ordenó la construcción de tres fábricas de ladrillo de barro recocido en las proximidades del área donde se levantaría el templo, en un lugar conocido como La poza del Barrero, situada donde empieza la calle 16 de septiembre, a un costado de la casa que fue de Doña Carmen Reyes de Beltrán y hoy es un Hotel. La citada poza se formo por la gran cantidad de barro que se extrajo para la fabricación de los miles y miles de tabiques que se emplearon en la construcción de la Iglesia, en sus sólidos cimientos y en sus gruesos muros y contrafuertes, de más de dos metros de espesor.

Se terminó la primera etapa de su construcción el 25 de diciembre de 1605. Con ese motivo se realizó una gran fiesta para conmemorar el magno evento. El templo se conservó igual, con sólo pequeñas modificaciones, durante mucho tiempo. La cubierta de la nave principal, así como la del área de la cúpula eran de una estructura de madera con teja de barro recocido, pero en 1860 un huracán muy fuerte que azotó la región destruyó el techo, y el presbítero Don Francisco Quintero que era una persona entusiasta y con iniciativa, se avocó a la reconstrucción del templo. Organizó a la población y creó un patronato, que se encargo de sustituir el antiguo tejado por una bóveda de medio punto para cubrir la nave principal y la cúpula que está desplantada sobre un tambor octagonal.

Tanto las bóvedas como la cúpula están recubiertas de azulejo de Talavera, de colores negro y amarillo formando artísticos dibujos, con una marcada influencia mudéjar, que destaca más su belleza, y en su parte superior está rematada por una linternilla, coronada con una cruz; su interior fue decorado con magnificas pinturas; en sus cuatro pechinas estaban los frescos de los cuatro Evangelistas ( San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan ), que más tarde fueron cubiertos con pintura, así como la imagen de San Juan Bautista, que estaba en la entrada del bautisterio.

Esta obra estuvo bajo la dirección técnica del arquitecto Don Diego Pérez; se inauguró en el año de 1876. Más tarde el arquitecto Don José María Medina reconstruye El Ciprés, Altar Mayor, en 1881. Esta es una construcción con influencia neoclásica, con esbeltas columnas estriadas, rematadas con capiteles estilo corintio y hojas de acanto forjadas de estuco, que las hacen destacar. Sobre las columnas descansa una cúpula, en su parte superior se encontraban tres magnificas esculturas representando las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, que le conferían majestuosidad.

En este Altar Mayor se encuentra El Cristo Negro, y a sus lados, La Virgen María y San Juan Evangelista Apóstol. En la parte de atrás, entrando por el costado de la sacristía, se encuentra un de ambulatorio por donde los peregrinos suben a visitar al Señor de Otatitlán.

Don José Eulalio Beltrán se encargó de la construcción de la fachada y de la torre del reloj, que en un principio era igual a la del campanario; aquí también se nota la influencia neoclásica, y su parte superior tiene un remate en forma de campana recubierta con azulejo de talavera, de colores blanco, negro y amarillo, coronada con la rosa de los vientos. En dicha torre se colocó el reloj que el señor Joaquín Beltrán en uno de sus viajes que hizo a Europa adquirió en Londres por la suma de 60 libras esterlinas, suma que por colecta pública fue aportada por los vecinos de la población y con una garantpia de trescientos años, en la fábrica de relojes Lozada. Es el que a la fecha presenta sus eficientes servicios, desde el año de 1876 en que fue colocado en la torre.

En la década de los 40´s había una planta de luz, en el cuarto anexo a la capilla y que surtía de energía eléctrica a la Iglesia, pero con motivo de la coronación de la Virgen de Guadalupe se dotó al inmueble de una instalación especial con un cable duplex recubierto de plomo, y a toda la fachada, la torre del reloj, el campanario, la cúpula, así como en su interior, se le colocaron focos para iluminarla, lo que hacía verse esplendorosa.

El culto al Cristo Negro es un testimonio más del sincretismo que se dio después de la conquista, antes de la llegada de los españoles, allí mismo se veneraba al Dios de los Pochtecas, Yacatecuhtli ( Dios de los comerciantes, el Señor de la nariz larga, El que va por delante), de color negro, y ahi se realizaba una feria comercial muy importante, eso explica cómo en un pueblo de tan pocos habitantes se haya construido una Iglesia de esa magnitud y que es para nosotros los Otatitlecos motivo de orgullo y satisfacción tener en nuestro terruño la más grandiosa joya arquitectónica de la Cuenca del Papaloapan.